Tenerife desde una silla de ruedasMiguel utiliza cada día el transporte público para asistir desde su casa en el barrio lagunero de Geneto a un curso de informática en el municipio de Tegueste. Una lesión medular sufrida hace doce años lo obliga a desplazarse en silla de ruedas. Entre coches, jugándose la vida en la carretera, nos demuestra lo poco accesible que puede llegar a ser Tenerife
"La gente de a pie no lo ve, porque no lo sufre. Sólo nos damos cuenta las personas que tenemos que andar en silla de ruedas". Pendientes pronunciadas, aceras resquebrajadas por las raíces de los árboles, bordillos demasiado altos... Son sólo algunos de los obstáculos con los que Miguel, un vecino del barrio de Geneto, en La Laguna, tropieza cada día al desplazarse por su ciudad. Lleva menos de un mes asistiendo a un curso de informática en las instalaciones de la Fundación Canaria para el Sordo (Funcasor), ubicadas en Tegueste. Moverse hasta ese lugar se ha convertido en una odisea.
Hace doce años sufrió una lesión medular que lo obliga a desplazarse en silla de ruedas. Antes de comenzar las clases, Miguel contactó con el Cabildo de Tenerife para que pusiera a su disposición una guagua adaptada para personas con la movilidad reducida, dotada de suelo bajo y rampa. "Notifiqué mi horario para que ellos se organizaran, pero coincidía con el plan vacacional de Titsa e iban a hacer reajustes". A menudo debe esperar varias horas hasta que llega su transporte.
Sin embargo, éste no es el mayor problema. Lo esperamos a la salida del curso para acompañarlo hasta la parada y pudimos comprobar el gran número de obstáculos a los que se enfrenta a diario:
¿Por qué no usa un paso de peatones? Pues sencillamente porque no hay ninguno, aunque esta zona de Tegueste cuente con un instituto de Secundaria y un centro para personas con diversos tipos de discapacidad
Nada más salir del centro, debe bajar a la calle aprovechando una entrada de garaje y avanzar entre coches, pues la acera es demasiado alta. La gravilla del asfalto ha destrozado las ruedas de su silla, que ha perdido la amortiguación.
Lo peor llega a la hora de cruzar la carretera TF-13, la que conduce de La Laguna a Punta del Hidalgo pasando por Tegueste. No puede bordearla por la zona peatonal, pues también carece de adaptación. Así que, tras sortear una alcantarilla, circula por un margen de la vía mientras es adelantado por los vehículos a bastante velocidad. Luego, se coloca en la parada de guaguas, en sentido hacia Bajamar, y espera a que no pasen coches. "Y así, como ahorita, pues me lanzo", nos dice mientras cruza, jugándose la vida, a través de los carriles.
¿Por qué no usa un paso de peatones? Pues sencillamente porque no hay ninguno, aunque ese lugar del municipio cuente con un instituto de Secundaria y un centro para personas con diversos tipos de discapacidad. Y no sólo eso: en este tramo de carretera las paradas de guagua tampoco tienen marquesina, por lo que los usuarios se ven obligados a esperar a la intemperie la llegada del transporte. Según nos comentaron, Funcasor ya ha enviado varios escritos tanto al Ayuntamiento de Tegueste como al Cabildo de Tenerife para mejorar la accesibilidad en la zona. Están esperando una respuesta.
Al llegar a su destino, San Miguel de Geneto, las cosas no mejoran. "Desde la nave de la empresa Paybo hasta La Laguna tengo problemas de barreras arquitectónicas", nos cuenta Miguel. Según él, los sábados y domingos sólo hay una guagua que llegue a su barrio, casi siempre sin rampa. "Si es de escalera, me quedo sin viajar".
Es una pequeña muestra de lo que tienen que pasar las personas con la movilidad reducida en Tenerife. Miguel se queja de que en otras comunidades como Madrid ya se ha conseguido que el 100% del transporte público sea de piso bajo. "¿Por qué no van a la par todas las regiones?", se pregunta. "Es fuerte, ¿sabes? Para nosotros es muy difícil esto. No hay paradas apropiadas, no sé lo que costará hacer una, por lo menos con capacidad para meter la silla. En invierno, ¿dónde se refugia uno?", comenta.
Con todo, agradece la generosidad de los conductores y usuarios de Titsa, que en más de una ocasión, cuando la rampa de acceso falla, han tenido que ayudarlo. "A veces no baja la rampa y si hay gente dentro pues me echan una mano. Esta silla pesa 88 kilos y yo 120, por lo que son más de 200 kilos para subir", explica.
La situación a la que se enfrenta Miguel a diario no es ni de lejos un caso aislado. ¿Se protege en Tenerife a los usuarios con una discapacidad?
viernes, 24 de julio de 2009
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