¿Quién cuida a las enfermeras?
En Canarias están contratados entre 8.000 y 9.000 enfermeros, dependiendo la época del año. Se estima que un 20% de las plantillas padece precariedad. laopinion.es
Las enfermeras canarias, al igual que las del resto del Estado, están catalogadas entre las mejores del mundo. Sin embargo, no gozan de reconocimiento social y, además, están sometidas a una rutina diaria de horarios infernales, cambios de especialidad y precariedad laboral que empuja a muchas a abandonar la profesión.
LAURA DOCAMPO SANTA CRUZ DE TENERIFE J uan prefiere no revelar su verdadera identidad. Es enfermero. No tiene ni horario fijo, ni una unidad específica de trabajo. Cada jornada es un desafío nuevo. Lo trasladan de rayos a Urgencias y de ahí hemodiálisis o a plantas hospitalarias con enfermos de las más diversas patologías. Así ha pasado los últimos meses. Cada día espera a que suene el teléfono, sin saber si al siguiente tendrá trabajo. En este ultimo año de incertidumbre, y mucho esfuerzo, ha acumulado más de cien contratos laborales, la mayoría de los cuales eran solo de un día.Su caso es el retrato de una profesión en la que la precariedad está instalada y normalizada. Para José Manuel Llada Martín, secretario general en Canarias del Sindicato de Enfermería, Satse, "estas condiciones laborales no son ilegales, pero como mínimo son inmorales". Llada ha visto como esta historia se repite una y otra vez hasta el colmo, con contratos de lunes a jueves, porque el viernes era festivo, o de sábado y lunes, para evitar también el domingo, que se paga más. Desde los sindicatos apuntan que está es "la mejor forma" que han encontrado en el área de Recursos Humanos del Servicio Canario de Salud (SCS) para cubrir las bajas, vacaciones y eventualidades del personal fijo, "cuando se cubren porque a veces ni siquiera se hace", puntualizan. "El SCS es la mayor empresa de Canarias y, sin embargo, organizativamente es un desastre", denuncia Llada. Para explicarlo pone un ejemplo sobre la mesa: las bajas por maternidad. En un sector -como el de las Islas- con un 80% de mano de obra femenina, la maternidad es un tema siempre presente. "Un centro hospitalario no es un entorno adaptado a una embarazada" porque "trabajamos con riegos de todo tipo", continúa. "Sin embargo, tenemos problemas para ponernos de acuerdo con la Administración sobre el momento en el que debe comenzar un permiso por maternidad", dice el representante de Satse al tiempo que se pregunta "cómo puede ser que Mercadona, que no es una empresa sanitaria, tenga perfectamente regulado cuando una empleada embarazada debe dejar de trabajar y en un centro hospitalario sea tan difícil llegar a un consenso". Una vez que termina la carrera, que en este curso pasa de ser una diplomatura para convertirse en una licenciatura, una enfermera debe pasar el peaje obligado de la precariedad para incorporarse al mercado laboral. Básicamente porque para optar a un puesto fijo, sobre todo en el sector público, hace falta acreditar cierta experiencia. Y para conseguirla, el único camino es de los contratos basura. Desde Satse aseguran que, en Canarias, el sector privado ofrece "salarios más bajos" y "un repertorio de tareas más amplio para la enfermera". La línea que en los centros públicos define de forma clara sus labores "no es tan nítida en las privadas", puntualiza Leopoldo Cejas Fuentes, delegado provincial de Satse en Santa Cruz de Tenerife. Los enfermeros lo saben por eso las clínicas privadas "tientan a los jóvenes que acaban de terminar la carrera con contratos de seis meses", explica Llada. "Muchos vienen de la Península atraídos por el sol y la playa, porque Canarias es un destino atractivo, pero en cuanto sale alguna convocatoria en lugares más próximos a sus hogares, se van", comenta. En total, se estima que un 20% de las plantillas de los centros sanitarios de Canarias tienen una rotación permanente derivada de la precariedad de los contratos. Inevitablemente esto afecta a la calidad de la atención sanitaria, que además en las Islas ya está muy tocada al tener el lastre de ser la segunda región de todo el Estado, sólo por detrás de Murcia, con mayor déficit de personal. En Canarias trabajan entre 8.000 y 9.000 enfermeros. La cifra fluctúa y el dato exacto no lo tienen ni siquiera los sindicatos porque desde que se delegaron las competencias en materia sanitaria a la Comunidad Autónoma, Satse asegura que "hasta los documentos oficiales de la consejería se contradicen". Esto equivale a un ratio de 4 enfermeros por cada 1.000 habitantes; cantidad inferior a la media nacional situada en un 5, 4 y dista enormemente de los 8 enfermeros que tiene Navarra o del mínimo de 9 que recomienda la Organización Mundial de la Salud. Hay poco personal y el trabajo se multiplica día a día, no sólo por las tasas de morbilidad, por el crecimiento de la población y el aumento de la esperanza de vida, sino además por la ampliación permanente de servicios y prestaciones sanitarias derivadas de la evolución de la ciencia. Hay nuevos tratamientos, más rotación de pacientes por la mejora en las técnicas que reducen las estancias hospitalarias, más colectivos que atender dentro del sistema público, como los dependientes, y hasta nuevas cirugías, como unas simples cataratas que antes no se operaban y que ahora se hacen por miles. Las mejor cualificadasSegún el presidente del Consejo General de Enfermería de Madrid, Rafael Lletget, "las enfermeras españolas son, junto con las de Canadá y EE. UU., las mejor cualificadas del mun1do". Su afirmación está apoyada por el hecho de que muchos países del entorno europeo estén reclutando permanentemente profesionales dentro de nuestras fronteras. "En otros países se gana más, pero aquí no estamos mal", apunta el delegado provincial de Satse. El salario mensual promedio de una enfermera del sector público es hoy de 2.128 euros brutos. Las retribuciones están estructuradas en cuatro niveles y varían bastante en función de diversos complementos. Para ascender de nivel hay que acreditar una cantidad de años de antigüedad y haber realizado cursos de formación. Así, para el primer nivel hacen falta cinco años de antigüedad; para el segundo, 10; para el tercero, 16; y para el cuarto, 23 (ver tabla). Abraham Díaz Martín tiene 31 años y no se queja de su sueldo como enfermero del Servicio de Incidencias del Hospital Nuestra Señora de La Candelaria. "No está mal. Aunque con el nivel responsabilidad y riesgo que tienes que asumir, creo que el sueldo está un poco por debajo de lo que debería", dice. Él y otros 60 compañeros suyos son destinados cada día a una unidad distinta. De eso se trata su departamento, de ser un comodín listo para servir donde haga falta. Está contento porque aunque sea tiene un "buen contrato" y "un lugar fijo de trabajo". Se considera afortunado y se alegra de haber dejado atrás cinco años "muy difíciles" que "todos tenemos que pasar cuando terminamos la carrera". "Al principio te parece divertido ir un día a Urgencias, otro al Traumatología y así recorrer cada unidad. Y si te toca trabajar en Atención Primaria, eso ya es una auténtica pasada. Un día te mandan a un centro de salud en el Norte, otro al Sur y pasado a un consultorio de no se sabe dónde", relata Abraham. Durante esos saltos de un lugar a otro, tuvo que aprender a salir adelante con y sin ayuda de otros compañeros. "Por suerte, en el hospital por la noche suele haber dos enfermeros por planta. Estar con alguien es un apoyo, más que para el trabajo, psicológico. Pero me acuerdo lo mal que lo pasaba hace unos años, cuando tenía que estar solo, trabajando diez horas a piñón, en una planta de hematología, poniendo medicaciones rarísimas, que ni sabía lo que eran". En sus tres décadas de experiencia, Llada ha vivido momentos muy estresantes. "Lo pasas muy mal cuando en medio de la noche un paciente se agrava y estás solo, porque el médico está en Urgencias. Tienes que esperar que venga y sea él el que prescriba, porque un enfermero aplica todo tipo de tratamientos pero no puede recetar ni un paquete de pañales". Un ritmo infernalA esos retos constantes, que ya de por sí representan una gran carga, hay que sumarle el de los horarios rotativos. Los enfermeros trabajan dos días de mañana, de 8:00 a 15:00 horas; dos días de tarde, de 15:00 a 22:00 horas; y dos días de noche, de 22:00 a 8:00 horas. Los turnos de noche no se pueden hacer seguidos, por eso les dan un día para descansar entre uno y otro. Parece duro adaptar el biorritmo y la familia a esta pauta, y en la práctica aseguran que lo es más porque cualquier imprevisto introduce modificaciones que obligan a doblar turnos o a hacer cambios repentinos. Todos estos condicionantes de la profesión "ponen tu vida patas arriba", según Abraham, y "te hacen muy difícil seguir formándote o mantener cualquier tipo de actividad extralaboral, ni siquiera tu vida social". Leopoldo Cejas Fuentes lo corrobora: "Al final tus relaciones se vuelven endogámicas. Trasladas tu vida al entorno sanitario". Un tercio con más de 50Tanto Cejas como LLada están dentro del numeroso grupo de enfermeros de las Islas que tienen más de 50 años. Suponen un 25% del total y asegurar su relevo en los próximos diez años es uno de los desafíos a los que se enfrenta la sanidad. "Este ritmo no se aguanta. Hay enfermeras de 50 años que se arrastran por lo pasillos de los hospitales. Empiezan a trabajar con 22 años y después de 30 no pueden más. Si tienen a alguien que las mantenga, dejan la profesión", se lamenta Llada.Unos abandonan y otros buscan un camino alternativo que los aleje, como explica Abraham, "no de la enfermería, que es lo que nos gusta, sino de estas circunstancias". Él ya está "un poco quemado" de este trajín y no se imagina "llegar a los 60 años y seguir corriendo de aquí para allá". Por eso se ha puesto a estudiar otra especialidad. Nayra Díaz Herrera es treintañera, igual que Abraham, y tiene diez años de experiencia como enfermera en el Hospital de La Candelaria, los últimos de los cuales los ha pasado en la UVI. Ella sigue enamorada de una profesión a la que considera como "la piedra angular de la sanidad", pero reconoce que hay mucho que se podría hacer por mejor sus condiciones. Uno de los puntos que históricamente se ha reivindicado dentro del colectivo es la puesta en marcha de las especialidades. Sería impensable que en un supermercado una misma empleada acudiera un día a reponer mercancía, al siguiente se encargara de atender la pescadería, el otro despachara en la charcutería, fuera un rato cajera y terminara el día horneando panes. Sin embargo, en un lugar donde lo que está en juego es mucho más que cortar bien las lonchas de jamón, eso es exactamente lo que sucede. En enfermería solo hay dos especialidades: psiquiatría y obstétrico-ginecológica (matrona). El resto de las que establece el real decreto de 2005 no se han desarrollado "porque a la Administración le conviene más nuestra polivalencia", señala el sindicato. Esto permite rotar al personal, tal y como le pasó a Juan. Por eso, cuando una persona nueva llega a una unidad "tiene que ser aceptada por otro enfermero con experiencia, que además de atender a sus pacientes asuma la tarea de enseñarle", señala Nayra.Compatibilizar la labor asistencial con la docente es muy complicado con una fila llena de pacientes que atender, pero no hay alternativa. Mientras un médico pasa años haciendo una especialidad, una enfermera tiene que aprender sobre la marcha, aunque le toque una unidad de máxima complejidad como Neonatología. "Ya de por sí la tecnología que encuentras en estas áreas es extremadamente complicada y, por supuesto que el paciente también lo es", resaltaba Nayra mientras sostenía una de las pancartas de la concentración que tuvo lugar el pasado jueves en la puerta de su hospital, para reivindicar la profesionalidad de un colectivo que siente, como ella, cierta indignación por la crítica social generada a partir del caso Rayan. La muerte de Rayan, el bebé prematuro que falleció en el Hospital Gregorio Marañón después de que una enfermera confundiera la vía para administrarle el alimento, puso todos los focos de atención sobre unos profesionales que suelen estar en un segundo plano. La equivocación de aquella joven enfermera escandalizó a la opinión pública, que además fue testigo de unas declaraciones sin precedentes, al admitir el máximo responsable del hospital que estábamos ante un "error terrorífico". Se calcula que en España los enfermeros realizan diariamente más de nueve millones de acciones similares a la que originó la trágica muerte de Rayan, entre sondajes, colocación de vías, extracciones de sangre, etc. Forma parte de la rutina de cuidados y terapias de cualquier enfermera, que por supuesto, como cualquier acción humana, no está exenta de errores. "La gente cree que la enfermera le metió una chuleta por la vena,", critica José Manuel Llada, y "encima los medios ponen que la enfermero lo mató, antes de que eso se investigue, y que un equipo médico intentó salvarlo", continúa y detalla que, "quienes intentaron salvarlo, además del médico fueron un grupo de enfermeras". En los hospitales hay servicios que están marcados, en las que los enfermeros no suelen querer quedarse. Uno es el de Urgencias y el otro Pediatría. Al margen de estas unidades, hay otra a la que pocos desean ir: Neonatología. Los neonatos son pacientes frágiles y requieren tratamientos de alta complejidad tecnológica. La delicadeza con la que hay que tratarlos es tan extrema y entraña tantos riesgos que cualquier equivocación tiene consecuencias graves.Una de las maniobras más habituales, por ejemplo, es sacarle sangre al bebé para seguir su evolución. "Si en lugar de pincharle su diminuta vena pinchas el nervio, que está a solo unos milímetros, lo puedes seccionar y dejarlo cojo para toda la vida", alerta LLada. "Con un problema añadido", puntualiza Cejas, "que el bebé no se va a quejar".Es comprensible, por tanto, que el personal de enfermería del Gregorio Marañon dirigiera hace un año una carta a la jefa de la Unidad de Cuidados Intensivos de Neonatales expresando su preocupación por la "grave repercusión asistencial" que tendría en esa área la "disminución del personal de enfermería cualificado" derivada de "su marcha hacia otros centros con mejores condiciones laborales". Lo dramático es que no se hizo nada para remediarlo. Ni tampoco cambió nada la muerte de Brian, en idénticas circunstancias a las de Rayan, en el Hospital Nuestra Señora de La Candelaria, nueve años antes. "No se puso en marcha ningún protocolo para evitar que volviera a pasar. Los únicos cambios que hubo partieron de la enfermeras que están en el día a día, que ahora marcan los aparatos con rojo y con azul para diferenciarlos mejor", recalca el secretario general de Satse.Al burocrático engranaje de la Administración le cuesta cambiar. En Francia y Reino Unido, por ejemplo, existe un sistema de conectores diferenciado entre una sonda intravenosa y otra nasogástrica. Allí este tipo de errores tienen un mecanismo que los hace imposibles. Pero sorprende descubrir que el gobierno de Tony Blair tomó la decisión de cambiarlos, como rememora Cejas, "después de que entre el año 2000 y 2003 murieran 33 bebés por este motivo". Para Ramona Alfaro Mendoza, otra de las manifestantes del pasado jueves, la falta de apoyo por parte de la sociedad después de este caso "ha sido injusta". En sus 33 años como enfermera asegura haber estado "siempre preparada en la trinchera para asumir todos los riesgos, desde la gripe A hasta cualquier otra enfermedad". En estas horas bajas prefiere recordar momentos gratos, como cuando el Ayuntamiento de Santa Cruz le otorgó la Medalla de Oro de la ciudad a ella y al resto de sus compañeros del hospital de La Candelaria. La enfermería no goza de reconocimiento social. "El amo de la guerra es el médico", dice LLada y añade: "El doctor es siempre el que te salva". Los enfermeros lo aceptan y muchas veces se ríen de ello. En la sede tinerfeña de Satse un cartel lo recuerda pregonando: Todos se despiden diciendo gracias doctor ¿No se olviden ustedes de alguien?